Los secretos de belleza en la antigua Grecia

Las mujeres griegas lucían una tez blanca, labios pintados de rojo y mejillas rosadas gracias a una serie de productos muy tóxicos que utilizaban para conseguir el ideal de belleza de la época. Además se teñían los cabellos para hacerlos más llamativos y luminosos usaban curiosas joyas para llamar la atención y se perfumaban para conseguir estar más atractivas.

Nadia Comaneci

Nadia Comaneci nació en Oneşti (que originariamente se llamaba Gheorghe Gheorghiu-Dej, en honor del presidente rumano del mismo nombre), Rumania, hija de Georghe y Stefania-Alexandrina Comăneci. Su nombre, Nadia, deriva de Nadejde (Esperanza).

Comenzó a competir a nivel nacional en 1970, como miembro del equipo de su ciudad natal. Rápidamente fue reclutada por el reconocido entrenador Béla Károlyi y por su esposa Marta —entrenadores entonces del equipo nacional de Rumania—, que más tarde emigraron a Estados Unidos, donde fueron entrenadores de muchos grandes gimnastas norteamericanos. A los trece años, Nadia Comăneci tuvo su primer éxito importante: ganó tres medallas de oro y una de plata en el Campeonato Europeo de Gimnasia en SkienNoruega. Un año después, en 1975, la gimnasta superó con cuatro victorias individuales a la soviética Liudmila Turíshcheva, pentacampeona, y se alzó con la primera posición en la clasificación general individual de las competiciones preolímpicas de Montreal. Ese mismo año, Associated Press la eligió Atleta del Año. El 18 de julio de 1976, la rumana Nadia Comăneci, a la edad de catorce años, logró hacer historia en la gimnasia al conseguir el primer 10 de calificación en Montreal, puntuación que nadie había obtenido en unos Juegos Olímpicos.

Aquel día, Comăneci deleitó a todos los aficionados con sus grandes giros, que realizó en las barras. La fuerza que tenía en los brazos no era habitual para una niña de su edad; sin embargo, la joven rumana dominó la presión de participar por primera ocasión en las Olimpiadas.
Cuando terminó su rutina, el tablero reflejaba una puntuación de 1.00, hecho que produjo confusión entre los espectadores que no sabían lo que había pasado. Durante esos minutos, los jueces dialogaron entre ellos porque era imposible poner un diez como calificación, ya que la puntuación más alta era 9.95.
De repente, los jueces informaron que ese 1.00 en realidad era un 10 para Nadia. Al instante, las dieciocho mil personas presentes en el Forum de Montreal celebraron ávidamente la primera calificación perfecta en la historia de la gimnasia femenina.

Tras dejar la competición

Tras la edición de los Juegos Olímpicos de Moscú, Nadia se retiró de la alta competición. Su última aparición en un torneo mayor fue en el Campeonato Mundial Universitario que se celebró en Bucarest en 1981. Ganó cinco medallas de oro, pero hubo acusaciones de parcialidad contra los jueces, dado que la mitad de ellos eran rumanos.
Entre 1984 y 1989 la gimnasta fue miembro de la Federación Rumana de Gimnasia y entrenó a los jóvenes gimnastas de su país. En noviembre de 1989 huye a Estados Unidos.​ Allí, se dedicó a realizar viajes promocionales de equipos para gimnasia, ropa interior y lencería de la firma Jockey, equipamiento de aeróbic y vestidos de novia. En 1994 se comprometió con el gimnasta norteamericano Bart Conner y regresó a Rumania por primera vez tras su huida. Nadia y Bart se casaron en Rumania en abril de 1996. Tres años después, en 1999, Nadia se convirtió en el segundo deportista que recibió una invitación para hablar ante Naciones Unidas. Desde aquella tribuna lanzó el año 2000 como “Año Internacional del Voluntariado”.
Actualmente continúa vinculada con el mundo de la gimnasia mientras se ocupa de diversas obras de caridad en todo el mundo. Ella y su esposo son propietarios de la Academia Conner de Gimnasia, la Compañía para Producir el 10 Perfecto y de algunas tiendas de material deportivo. Ambos publican la Revista Internacional de Gimnasia (International Gymnast Magazine).
Actualmente es vicepresidenta del Consejo de Dirección de Olimpíadas Especiales, Presidenta de Honor de la Federación Rumana de Gimnasia, Presidenta Honorífica del Comité Olímpico Rumano, Embajadora de Deportes de Rumania, vicepresidenta del consejo de Dirección de la Asociación para la Distrofia Muscular y miembro de la Fundación de la Federación Internacional de Gimnasia. Ha recibido dos veces la condecoración de la Orden Olímpica de manos del Comité Olímpico Internacional, y ha puesto en marcha en Bucarest una clínica de misericordia para ayudar a los niños huérfanos.

En diciembre de 2003 salió a la luz su primer libro, Cartas a una gimnasta joven. El 3 de junio de 2006 dio a luz, en Oklahoma City, a su primer hijo, a quien llamó Dylan Paul (Dylan por Bob Dylan y Paul por su ex entrenador, socio de negocios y padrino del niño, Paul Ziert). Actualmente vive en EE. UU.